martes, 21 de octubre de 2025

 


La Piedad de Lampa

En la ciudad de Lampa, situada en el altiplano de Puno a más de 3,900 metros sobre el nivel del mar, se guarda una de las historias más fascinantes del arte sacro y del patrimonio cultural del Perú. Este pequeño pueblo andino alberga dos réplicas exactas de La Piedad, la célebre escultura renacentista creada por Miguel Ángel Buonarroti en 1499, que muestra a la Virgen María sosteniendo el cuerpo de Cristo tras la crucifixión. La historia de cómo estas esculturas llegaron hasta Lampa combina fe, arte y una conexión sorprendente con el Vaticano.

Durante la década de 1950, el ingeniero, político y filántropo lampeño Enrique Torres Belón impulsó la reconstrucción del templo Santiago Apóstol, una joya arquitectónica colonial ubicada en el corazón de Lampa. En ese proceso, gestionó ante el papa Juan XXIII la donación de una réplica oficial de La Piedad como símbolo de devoción y cultura. La primera réplica, elaborada en yeso blanco, fue enviada desde el Vaticano y destinada a adornar el mausoleo del propio Torres Belón. Sin embargo, debido a su peso y fragilidad, no pudo ser instalada en la cúpula del templo, por lo que se encargó una segunda versión, esta vez fundida en aluminio negro, que finalmente fue colocada en la capilla de La Piedad dentro de la iglesia principal. Desde entonces, Lampa pasó a ser conocida como “la ciudad que guarda dos Piedades”.

Ambas esculturas son motivo de orgullo para los habitantes de Lampa. La versión blanca se conserva hoy en la Biblioteca Municipal, mientras que la réplica en aluminio se encuentra en la cripta de la iglesia Santiago Apóstol. Más allá de su valor artístico y religioso, las Piedades de Lampa guardan una historia única que las conecta directamente con el arte universal. En 1972, cuando un hombre llamado Laszlo Toth atacó y dañó la obra original de Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro, el Vaticano envió especialistas a Lampa, Perú, para examinar las dimensiones y detalles de las réplicas locales. Estas sirvieron como referencia para la restauración de la pieza original, lo que convirtió a este rincón del altiplano en un punto inesperado de relevancia mundial.

La presencia de La Piedad en Lampa representa mucho más que una expresión de fe; es un símbolo del diálogo entre lo global y lo local, entre la herencia artística europea y la identidad cultural andina. La réplica se ha resignificado en el imaginario del pueblo como un emblema de resistencia, memoria y orgullo. Para los creyentes, evoca el dolor maternal de María y el sacrificio de Cristo; para los visitantes, es una experiencia de asombro ante cómo una obra del Renacimiento se integra en el paisaje cultural de los Andes.

A pesar de su enorme valor simbólico, las réplicas requieren mayor atención y cuidado. En diversas ocasiones, se ha pedido que se mejore su conservación y se promueva su difusión turística. Las condiciones climáticas de Lampa, a casi 4,000 metros de altitud, pueden afectar los materiales de las esculturas, por lo que especialistas y pobladores coinciden en la necesidad de fortalecer la protección patrimonial. Aun así, la ciudad ha sabido convertir esta herencia en parte esencial de su identidad y atractivo cultural.

Hoy, La Piedad de Lampa es más que una obra artística: es un testimonio de fe, historia y vínculo entre los Andes y el mundo. Su historia demuestra cómo el arte puede trascender fronteras, unir culturas y mantener viva la memoria colectiva. En cada detalle de esta réplica se refleja la grandeza de una comunidad que, desde su pequeño rincón del altiplano, ha dejado una huella indeleble en la historia del arte universal.

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